Haruki Murakami: el convidado de piedra del Nobel

 

Murakami es uno de los escritores surrealistas más representativo de la actualidad y una de las figuras más relevantes de la literatura postmoderna. Fue nominado varias veces al Premio Nobel de literatura, y otra vez, ha quedado sin poder acceder al galardón.

Haruki Murakami nació en Kioto el 12 de enero de 1949, es autor de novelas, relatos y ensayos. Es lingüista, traductor, atleta y profesor universitario. Las valoraciones de sus obras son ambivalentes, aunque en general la crítica es positiva.

Ha conseguido numerosos premios: Franz Kafka (2006), Mundial de Fantasía (2006), Jerusalén (2009) y el Hans Christian Andersen de Literatura (2016).

 

Características murakamianas

El Manifiesto surrealista de Breton define el surrealismo:

Automatismo psíquico puro a través del cual se intenta expresar de manera oral, escrita, o a través de cualquier otro método, el funcionamiento real del pensamiento. En ausencia de cualquier control ejercido por la razón y exento de cualquier exigencia estética o moral.

En literatura se usaba la escritura mecánica, es decir, se escribía todo lo que viniera a la mente sin detenerse a pensar siquiera en lo que se estaba escribiendo. La idea era apoyar la libre expresión y la liberación del subconsciente.

En la escritura poética es posible yuxtaponer una gran cantidad de imágenes llamativas, que no tienen por qué guardar relación entre sí, pero que pueden generar distintos tipos de reflejos inconscientes en el lector.

De esta manera se consigue una conexión atemporal entre escritor y lector, que se repite con variaciones, en las relecturas.

Lo curioso y lo que causa curiosidad en el lector, característico de las obras de Murakami, está siempre muy bien hilvanado y todo encaja en su justo lugar, en el momento indicado. Lo sorprendente y efectista de sus desenlaces, además de la natural pulcritud de su sintaxis, es definitivamente la trascendencia de las situaciones creadas y el impacto que genera en el absorto lector.

En el bagaje surreal de Haruki Murakami brillan camuflados los surrealistas de todos los tiempos: Ramón Gómez de la Serna, Vicente Aleixandre, José María Hinojosa, Rafael Alberti, Miguel Hernández… en España; Braulio Arenas, César Moro, Octavio Paz, Xavier Abril, Alejo Carpentier, César Vallejo, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar… en Latinoamérica.

Bibliografía

(Fechas de publicación de originales en japonés)

  • Escucha la canción del viento: 1979
  • Pinball 1973: 1979
  • La caza del carnero salvaje: 1982
  • El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas: 1985
  • Tokio blues: 1987
  • Baila, baila, baila: 1988
  • Al sur de la frontera, al oeste del sol: 1992
  • Crónica del pájaro que da cuerda al mundo: 1995
  • Sputnik, mi amor: 1999
  • Kafka en la orilla: 2004
  • 1Q84: 2009
  • Los años de peregrinación del chico sin color: 2013
  • La muerte del Comendador: 2017

El Nobel de literatura 2020

Este año le tocó a Louise Glück, y su sobrada poesía de urbana calidez y metas nítidas así lo ameritan.

Pero a Murakami lo siguen nominando y a Murakami lo siguen rechazando, incluso Dylan consiguió reconocimiento, cuando ni siquiera tenía que haber estado en las contemplaciones… como opinan sus seguidores en las redes, que por enésima vez siguen clamando por justicia.

¿Qué misteriosos e intrincados motivos mueven a la Excelsa, se preguntan anonadados, a derretir del plano literario a escritores de profundas sensibilidades, que ahora pasan a segundo plano, el mes que viene ya han sido olvidados y el año próximo ni siguiera figurarán entre los nuevos candidatos?

Interesante sería conocer las razones por las que la Academia rechaza las nominaciones de innumerable cantidad de escritores que, tal vez, quizás, algún día, en alguna otra oportunidad, con la ayuda de seres intergalácticos vuelvan a tener la posibilidad de participar de la contienda.

Murakami estudió literatura y teatro griegos en la Universidad de Waseda, y allí conoció a su esposa, Yoko. Trabajó en una tienda de discos, como uno de los personajes de uno de sus libros y abrió un bar de jazz, el Gato Pedro, en pleno Tokio.

Murakami destaca la influencia que han tenido en su escritura algunos autores como Raymond Carver, F. Scoot Fitzgerald o John Irving, a quienes considera maestros de las letras.

En su tierra natal, Japón, su literatura es pop, humorística y surreal. Pero refleja la soledad y el ansia de amor de las personas de una manera que conmueve a sus lectores orientales y occidentales.

Murakami es capaz de ofrecer un mundo de oscilaciones permanentes entre lo real y lo onírico, entre lo placentero y lo oscuro.

Quien manda aquí

Tizas

La apabullante imagen me arremete con furia. Los diálogos se superponen y las acciones transcurren anticipándose ahora y demorándose más tarde. Los personajes se moldean entre ellos, se funden y se generan constantemente. Todos están pendientes del proceso productivo. Ellos, en querer saber en dónde serán mejor aprovechados y en cuál situación estarán más convenientes; yo, en pretender ubicarlos sin errores en el lugar justo y en el momento adecuado.

Es un relámpago. Es un instante creativo, fugaz.

Claro que aquí es cuando topo con el frenesí que demuestran incesantes pues se saben involucrados; soberbios y encantados de haber logrado hacerse visibles luchan sin descanso influenciando aquí, torciendo sus posturas allá, tiranizándome, esclavizándome con excelsa gracia para que al final ceda a ese impulso, tan íntimamente personal, de permitirles el estrellato que tanto añoran. Esos, que ni siquiera han nacido todavía, ya tienen tal pujanza y energía que es por pura fuerza interior y capricho que se lo permito, aún cuando ya hace eternos instantes que me convencieron que deberían figurar en primera plana.

Ahora ya están revoloteando, sus alas se despliegan y sus aleteos despeinan renglones enteros a tal punto que hay momentos en que han ocupado tanto espacio que no hay lugar a nada más. Ni siquiera permiten que se les retoque, nada de viles reescrituras reclaman ufanos, acéptanos dicen, sé coherente.

Entonces, ya más condescendiente después del auto-convencimiento, empiezo a tener atrevimientos que, pienso, más tarde lo agradecerán cuando ellos mismos descubran en qué se han metido. Y con quién se han metido. Ellos saben que no ha sido en vano; han confabulado y se han puesto, otra vez, de acuerdo en manipular subrepticiamente mis reflejos para pasar desapercibidos… como si no me hubiera percatado de sus habilidades… como si fueran ellos los que dictan… como si supieran qué es lo que más les conviene.

Así es, que me he acostumbrado a esperarlos, mal que me pese pues no podría obligarlos a que se hicieran adultos por mero voluntarismo. Ellos tienen permanentemente presente su poder. Yo presiento que podré con ello.

Y cuando lo consigo los ligo, los encadeno para toda la eternidad a la roca que será su inmutable ancla. Por eso andan con cuidado conmigo; por eso cuando se presentan ya vienen vestidos para la fiesta y sólo esperan que les encuentre el mejor color para sus pálidos maquillajes. Confían en mí y aunque en otros tiempos, ellos claro que lo saben, eran marionetas titilantes y escurridizas que temblaban cada vez que me veían tomar la tijera de cortar sus hilos, ahora se sienten mucho más seguros y andan campantes por toda la casa y hasta se vienen conmigo a los lugares más recónditos.

He intentado ensalzarlos, o en el peor de mis delirantes egoísmos marchitarlos prematuramente. O simplemente dejarlos apenas olvidados por unas pocas líneas, cuando persisten en hacerse ver, hacen piruetas a temerarias alturas tan sólo para saberse atendidos, se atreven a juegos peligrosos caminando entre las fieras y pretendiendo domarlas sin siquiera una silla y todo y nada más que por sus irrefrenables personalidades.

Aquella arrolladora imagen que se apareció al principio como por encanto, se va a mantener, va a perdurar y embellecerse. Ya no hay marcha atrás. Ya estamos fundidos entre todos.

Al final, se ríen satisfechos de creer que hicieron lo correcto. Obvio que no saben que los conozco desde siempre, que era yo quien los tenía aprisionados y que al fin y al cabo ya era hora que les pusiera nombre y apellido.